Consejero

En agosto de 2017 comenzaba mi papel como Profesor Investigador en Arquitectura. Recibí una llamada del Dr. Ramón Corona, entonces mi jefe inmediato, en la que, de forma general, me solicitaba participar como Consejero Técnico del EGEL-ARQUI para el CENEVAL. Hasta ese momento, mi conocimiento del examen era solo lo que me habían comentado algunos compañeros arquitectos, profesores y alumnos: un examen al final de la carrera universitaria.

Pasaría un mes. El 5 de septiembre de 2017, el Rector de la UAEH -en ese entonces, el Mtro. Adolfo Pontigo Loyola- emitía la designación para mi persona como Consejero Técnico. El 3 de octubre, el CENEVAL ratificó dicho nombramiento y comenzó mi travesía para conocer en dónde nos encontrábamos a nivel nacional.

Dos meses después, el 13 de noviembre de 2017, asistía a mi primera reunión de Consejo Técnico del EGEL-ARQUI en las instalaciones del CENEVAL, en la Ciudad de México. Compartir la mesa con arquitectos de varias partes del país -de quienes había leído y escuchado- fue, sin duda, una primera gran experiencia.

Nombramiento Consejero Técnico EGEL-ARQUI CENEVAL

La situación

La realidad nos llegó de golpe: tan solo el 18% de nuestros egresados que aplicaban para obtener un testimonio derivado del examen lo lograban. El 82% restante no alcanzaba los puntajes requeridos. En términos llanos: reprobaban.

Las explicaciones intentábamos que fueran muchas, y en parte lo eran: desconocimiento del formato del examen por parte de los alumnos, poca familiaridad con la evaluación por competencias, y una brecha entre lo que pensábamos que se evaluaba y lo que el instrumento medía. No era un problema de capacidad. Era, en gran medida, un problema de preparación específica y de información. Entender eso fue el primer paso.

La estrategia

La primera pregunta fue honesta: ¿estábamos haciendo algo mal, o simplemente no estábamos haciendo nada? La respuesta era incómoda: no era negligencia, era ausencia de estrategia.

Pensé que sería bueno actuar en dos frentes simultáneos. Por un lado, acercar el examen a los alumnos: que supieran qué era, cómo funcionaba, qué medía y, sobre todo, que no era el enemigo. Por otro, trabajar con los profesores para que la preparación para el EGEL dejara de ser una responsabilidad solitaria del egresado y se convirtiera en parte del acompañamiento institucional. Socializar qué era el examen, fue una primera etapa.

Sabíamos que los resultados no llegarían de inmediato. Nos dimos, al menos, dos semestres para ver el primer movimiento real en los números.

Hubo una reunión -no recuerdo la fecha exacta, pero sí el clima de la sala de juntas del Instituto- en la que pusimos los números sobre la mesa frente a un grupo de funcionarios de la Universidad: el Coordinador del Programa de Arquitectura, el Director del Instituto de Ciencias Básicas e Ingeniería, la Directora General de Evaluación, el Coordinador de la División Académica, el Director de Educación Superior. El 18% era un dato difícil de sostener en silencio. No hubo defensas innecesarias ni señalamientos. Hubo, en cambio, algo más valioso: disposición.

¿Cuánto tiempo necesitamos para ver mejoras?, me dijeron.

Un año, respondí.

Demasiado, replicaron.

Denme un año. Sé que lo podemos hacer…

Desde ese momento pensaba que los profesores podrían convertirse en el puente más efectivo de la estrategia. Ellos, nosotros, conociamos a los alumnos, sus miedos frente a una evaluación externa y sabiamos cómo hablarles. Ninguna reunión o flyer hubiera logrado lo que una conversación directa y con datos pudiera lograr.

La participación de la comunidad no fue de soporte secundario. Fue, en muchos sentidos, parte fundamental de todo.

Primera reunión del Consejo Técnico EGEL-ARQUI

Los resultados

Los números tardaron en moverse, pero cuando lo hicieron, lo hicieron con claridad. Recuerdo el primer periodo en que el porcentaje subió de forma notoria y la sensación fue extraña: no era euforia, era alivio. La confirmación de que el camino tenía sentido.

Dos años después, el 80% de nuestros egresados obtenía su testimonio. El mismo examen, los mismos criterios nacionales. Lo que había cambiado era la preparación, la información y, sobre todo, la convicción de que era posible. Logramos los dos primeros premios nacionales para la UAEH.

Nos convertimos en referente nacional. En las reuniones del Consejo Técnico de CENEVAL me preguntaban: «¿Cómo le hicieron?». Siempre respondía que la clave estaba en dos cosas. La primera: la confianza de mis superiores en mí para probar estrategias que podían parecer equivocadas -menos cursos interminables que abrumaban a los estudiantes, y en su lugar dos talleres de tres horas cada uno: el primero enfocado en conocer qué se evalúa, nada que la guía del CENEVAL no dijera, ahí estaba todo; el segundo, un ejercicio práctico para aplicar lo aprendido-. La segunda: la voluntad de ayudar de cada uno de los actores involucrados.

Resultados EGEL-ARQUI UAEH
Taller EGEL-ARQUI con alumnos UAEH

Al final…

En 2022 llegó a su fin mi cargo honorario como Consejero Técnico ante el CENEVAL -lo fui en dos periodos de dos años-. Pasé la estafeta a una gran amiga del Programa, quien ha hecho buenos y valiosos esfuerzos. Hoy, el examen es distinto: la opción de la “respuesta construida” ya es opcional. Es un instrumento muy diferente al que nos enfrentamos hace algunos años. Tiene sus retos; eso es una realidad.

Al mirar atrás, estoy agradecido con la universidad que me permitió ser parte de este esfuerzo, y con quienes depositaron su confianza en mí desde el inicio. Al CENEVAL, que me mostró que sus integrantes son grandes profesionales pero, sobre todo, excelentes seres humanos. Tantas jornadas junto a mis compañeros Consejeros de las diferentes universidades, de discusión y de intercambio de ideas, quedan grabadas. A los miembros de los diferentes Comités en los que participé: Arely García, Itzia Martinez, Alejandro Duarte, Carlos Anaya, Miriam Remes, Ignacio Tanaka, Juan Pablo Rodríguez, Clara Ortega, Lorena Zazueta, Chema Nava Townsend, Arturo Torres, Maella Minaksi, Guadalupe Chávez y el gran Roberto Magdaleno. Su experiencia y amistad son de las cosas que más atesoro.

Pero, sobre todo, me parece que debe haber un gran reconociendo a los alumnos, quienes siempre hicieron el esfuerzo de asistir a los talleres, cuestionar y entender que la prueba solo les otorga un testimonio de su desempeño en las habilidades iniciales de la profesión. Ser arquitectos ya se los ha avalado su universidad.

Estoy seguro de que en el futuro seguiré colaborando de alguna forma.

A veces disruptiva.

A veces de acompañamiento.

Pero siempre viendo el vaso medio lleno.

Consejeros Técnicos EGEL-ARQUI CENEVAL